martes, 25 de diciembre de 2007

COLETAZOS DEL CLÁSICO

Hace dos días que acabó sobre el campo el Barça-Real Madrid. Digo sobre el campo. Después llega el postpartido, más largo incluso que los 90 minutos que pudimos contemplar, disfrutar, sufrir y aburrirnos una mica, que dirían los azulgrana. El caso es que para ellos el clásico se convirtió en una 'Pesadilla antes de Navidad'. Para los blancos, en cambio, el fin de año les ha regalado una blanca Navidad, que cantaría el repetido Raphael (¿apuesta alguien a que el programa de Nochebuena es el mismo todos los años?).
En fin, los de Rijkaard se han ganado a pulso el carbón, y no dulce. Porque han permitido que el vestuario se endiose y porque de tanta libertad, ésta ha pasado a ser libertinaje. Cada uno va a lo suyo y sólo mira por sí mismo. ¿Se ha olvidado Ronaldinho, más allá de su peso, en hacer paredes... o sólo intenta imitar a Messi para reivindicarse? Lo malo es que ahora se parece a otro Ronaldo, ya sabéis...
Por su parte, los de Schuster ganaron y convencieron, pero... Sí, hay un pero. Está muy bien eso de ganar al máximo rival. Además, en su campo. Pero qué hay de aquel juego bonito, fútbol espectáculo y demás promesas vacías. Vale que ningún madridista se puede quejar, pero... Sí, hay otro pero. Se llama Diarrà. No es Guti. Vale, esa la sabe todo el mundo. Pero ¿alguien se cree que este tío sepa jugar al fútbol?. Es más, ¿sabe él si el balón es redondo o cuadrado? Yo para eso no me gasto 27 millones de euros en un jugador que lo único que sabe es correr. Para eso ya tengo a los maratonianos, que seguro que trotan mucho más, ganan mucho menos y cuando tengan la pelotita ("niño, los de blanco son los tuyos, los otros caca") no se la entregan al contrario. Ay, cuánto daño hizo Makelele...

jueves, 6 de diciembre de 2007

VAYA IMPOTENCIA

Impotencia. La que sentimos todos cuando vemos a dos campeones como Gasol y Navarro jugar en un equipo perdedor. Frustración. La que deben sentir ellos cuando ven que juegan a no perder.
Ayer me quedé despierto un día más para ver el Rockets-Grizzlies. Cuando acabó, a las cinco de la mañana, no sé si vencido por el sueño o por la impotencia o por la frustración, no sentía nada. Y eso, la indeferencia, es lo peor que le puede suceder a algo o a alguien.
Pero lo peor es que quedan algo así como 70 partidos más de esta índole. Uno sueña, aunque sea despierto y a las cinco de la madrugada, que algún día ese equipo no exento de talento madurará. Otra historia será que Gasol y Navarro aguanten sin dormirse para cuando eso ocurra.